PARRA DE VIAJE

Theodoro Elssaca
Theo Elssaca falando na Capela de San Roque, de Sada, en presenza de Paco Pita, presidente da A. C.
Irmáns Suárez Picallo. Fotografía de E. Rodríguez

El viaje de Parra ha sido totalmente inesperado, a pesar de sus 103 años de sarcasmo, como si esta actitud de rebeldía fuera otra jugada magistral.

Un acertijo de salida, para o parra afianzar el círculo del infinito con un “as” bajo la manga, su proverbial “Voy & Vuelvo”, el símbolo místico del “Uróboros”.

Conocí a Nicanor cuando yo tenía solo diecisiete años, “como la canción de la Violeta”, me dijo un día con su entonación chispeante, tarareando “volver a los diecisiete”, en los cursos donde enseñaba literatura a los estudiantes de ingeniería. Han pasado más de cuarenta años y hoy he venido a despedirlo.

Entro a la solemne Catedral de Santiago, donde son velados tus restos, los del poeta menos solemne.

Cristóbal Ugarte, tu nieto arquitecto, declama los antipoemas desde el púlpito inmaculado. Colombina, la hija menor y albacea, protesta al cura guitarreando a Violeta y en primera fila se encuentran: a la izquierda la presidenta saliente y a la derecha el presidente entrante, ambos aplauden. Más parreano imposible “La izquierda y la derecha unidas, jamás serán vencidas”.

Tu larga y vital trayectoria de claroscuros, nos hizo creer en un pacto secreto con el mandinga, de manera que tu antireloj ahora comenzaría a retroceder, hasta llegar al parto.

Nadie había preparado este viaje, tanto así que, emitida la noticia, no se sabía dónde serían velados los restos del poeta chillanejo de San Fabián de Alico. Recién pasada la medianoche, luego de las extensas conversaciones con el gobierno, se anunció la decisión de traerte, finalmente, a la ceremoniosa Catedral de Santiago. Parecía una perfecta Mise-en-scène hasta que surgió la prohibición de interpretar música de Violeta Parra, lo que suscitó el enojo de la familia, al punto de amenazar con llevarse el féretro de nuestro Premio Cervantes, a otro parraíso, lejos de aquí.

Como dices en tu poema “Para serles sincero”, de Discursos de sobremesa:

No se diga que son mis funerales
Olvídense!
Vivo no me pondrán en el ataúd
Al cementerio x mis propios pies

Theodoro Elssaca despedindo ao seu amigo Nicanor Parra, xunto ao féretro cuberto co tapiz realizado pola nai do antipoeta, coroado pola súa proverbial “Voy y Vuelvo”. Fotografía de Samia Liddaw

Tus creaciones son un antiarte, confrontacional, profanador de las obras religiosas, como el artefacto “Cautiverio Feliz”, consistente en un enorme falo erecto, al interior de un antiguo relicario eclesiástico. Obra objetual que desborda la escritura. Aquí yace canonizado el cuerpo del desacralizador, en el corazón más sacro de la nación. Un perfecto acto final. Superlativo.

Recorro la calle Lincoln, hacia tu casa, que promete transformarse en el memorial del hombre imaginario. Mientras subo veo todo tipo de situaciones parreanas. Se trata de un funeral con cuecas y cantos gregorianos, un “embutido” de ángeles y demonios, para el inmortal antipoeta y mago de dos milenios. He venido a dejarte un poema sin endecasílabos, una flor del jardín de la infancia, una carta humedecida, un pequeño artefacto cinético, junto a la tumba cubierta de conchas marinas, en el patio del ruinoso Castillo Negro.

Como si fuese un antirefrán a “los últimos serán los primeros”, aquí yace el primer Parra Sandoval, el último en irse.

En esta fronda despeinada me enseñaste tu cuaderno donde habías escrito “Antimuseo, dirección obligada”. Más que un coleccionista dedicado a clasificar, eras un acumulador de objetos, de allí surgían los artefactos. Alguna vez te pregunté cómo sería ese antimuseo y dijiste seguro: Quite the opposite, justo lo contrario.

Eres el poeta sustantivo y contradictorio para la poesía de tu tiempo, el que rompió la tradición y los moldes, incorporando las voces tribales. Aunque pareciera que nos dices adiós, más bien te quedarás con nosotros, presente, en tu legado paradojal, sepultado en Las Cruces, línea virtuosa del Litoral de los Poetas, entre Neruda y Huidobro, en la cruz del medio, como aquel crucificado en el Gólgota.

Desde aquí, tu trueno seguirá hablando fuerte, Nicanor.

Me quedo en este sueño sin orillas, a la vera del mar, hasta el anochecer. De súbito, he creído ver un artefacto cruzando la bóveda cósmica, tal vez sea tu ataúd atómico yendo en dirección contraria.

Despedida ao Premio Cervantes Nicanor Parra, solicitada
pola Universidad del Bío Bío a Theodoro Elssaca
para a súa revista cultural Quinchamalí
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