A POETA EMILIA CALÉ EN OSEDO: TRES POEMAS

EMILIA CALÉ TORRES (A Coruña, 1837-Madrid, 1908), poeta e xornalista, foi membro correspondente da Real Academia Galega e liderou a sociedade La Galicia Literaria, de Madrid. O amor, a amizade, a relixión ou a natureza son algún dos temas fundamentais da súa obra poética, na que destacan os libros Hojas de inspiración e Crepusculares. Vinculada a Osedo, de onde era a muller que casou co seu pai en segundas nupcias, na parroquia sadense escribiu e asinou algunhas das súas poesías. Ese escenario ideal dos veraneos xuvenís será evocado tamén nun poema que forma parte do volume Horas de inspiración.

A Osedo, aldea de la provincia de la Coruña


Grata y apacible estancia,
la distancia
no me hace olvidar de ti;
porque en ese ameno suelo
el consuelo
y la salud, conseguí.

Cual sultana de las flores
tus favores
derramas en el pensil;
que en tus auras perfumadas,
delicadas,
nacen las rosas de abril.

Pródiga la primavera,
tu pradera
convierte en lindo vergel,
y absorta el alma te admira,
que en ti mira
tantas galas en tropel.

Tienes árboles y fuentes,
mil corrientes
que alzan sonoro rumor;
selvas en cuya espesura
la natura
muestra su hermoso verdor:

Cascadas estrepitosas,
que afanosas
salpican de su raudal,
en el verde matizado
de algún prado,
limpias gotas de cristal:

Bosques de altivo ramaje,
do el follaje
de su anchurosa extensión,
alberga pintadas aves
que suaves
saludan la creación:

Y paseos solitarios,
siempre varios
de una rica lozanía,
cuanto concibe la mente
más ardiente
con risueña fantasía.

El mar que allá en lontananza
se abalanza
de sus olas al compás,
viniendo á besar la orilla,
donde brilla
verde floresta detrás.

Un cielo de azul y plata
que dilata
su leve y claro fulgor,
buscando en el mar espejo
el reflejo
de su divino esplendor.

Y por colmo a esa grandeza
y riqueza,
en tu quinta hay un altar,
do está la Reina del cielo,
que es modelo
de hermosura singular.

Ese precioso conjunto
en que junto
se ve cuanto Dios creó,
olvidarlo yo no puedo,
que es Osedo
y sus auras gocé yo.

Adiós preciosos jardines
y confines
de esa tierra en que viví,
recordará siempre el alma
tanta calma,
como en vosotros sentí.

 

Un adiós a la estación de las flores

A mi amigo L. G. Q. M.


Tiernas flores, que hermosas lanzasteis
giros mil de aromática esencia,
el recuerdo de vuestra existencia
triste canto a mi mente inspiró.
Que desnuda contemplo la estancia
donde ayer todo vi sonriente,
ella dice con eco doliente:
«La estación de las flores pasó.»

Bajo el astro brillante del día
yo te vi descollar bella rosa,
y en la flor del jazmín olorosa
enlazar tu corola gentil.
Inclinarle con dulce desmayo
de la luna a la faz seductora,
y acoger con amor en la aurora
beso amante del aura sutil.

Pero: ¡ay! que hoy no puedo cual antes
con vosotras gozar en mi dicha,
ni al cruzar por amarga desdicha
un consuelo os iré á demandar,
solo puedo mirar vuestro albergue
ya cubierto de tristes despojos,
y á la vez con su llanto mis ojos
vuestra cuna y sepulcro regar.

¿Dónde están esas tardes de estío
convidando al placer tan lozanas?
¿dónde van esas ledas mañanas
en que vuestra hermosura admiré,
cuando alegre en el césped sentada
vuestro aroma aspiré, lindas flores,
y a la vez de mis gratos amores
el recuerdo también evoqué?

El invierno se acerca sombrío,
ya no hay flores ni verde follaje,
y en el nítido azul del celaje
negras nubes se miran cruzar.
No hay tampoco feliz golondrina
que alce trinos de amor y ventura,
pues buscando del sol la luz pura
va otro clima lejano a habitar.

Febo huyó: mas después que el invierno
nos oculte sus fieros rigores,
nueva vida tendréis ¡bellas flores!
y las galas con que antes os vi;
y al querer expresaros mi lira
la impresión de su justo contento
no será plañidero mi acento
cual el triste que ahora os rendí.

Emilia Calé

Osedo, 29 de Noviembre 1861

Galicia. Revista Universal de este Reino, 15/02/1862

 

 Un recuerdo desde el campo

A mi amiga la Señora Doña Ventura Arana de Vallugera


Aquí en este asiento que el césped alfombra
y aroman las flores con tierno candor,
do un sauce frondoso me da fresca sombra
y un río me ofrece sonoro rumor.

En este silencio que turba muy leve
la voz armoniosa del ave al cantar,
o el tenue suspiro del aura que mueve
las hojas del árbol en dulce ondular.

Tu grato recuerdo se agita en mi alma,
en estos lugares que alegre te vi;
por eso, buscando la paz y la calma
despierta mi lira, tan solo por ti.

Yo nunca te olvido, pues mi pensamiento
constante recuerda tu fiel amistad;
con esa memoria diviso el contento
que ansío, en las horas de mi soledad.

Feliz en ti pienso, si en plácida aurora,
admiro las galas del bello pensil
o el claro destello que hermoso colora
las flores nacientes y el bosque gentil.
Tu nombre pronuncio, al par que dilata
sus rayos fulgentes la bóveda azul,
y el mar esplendente sus luces retrata,
cual ricos diamantes prendidos en tul.
Y cuando se oculta la luz vespertina
porque sus fulgores ligeros ya son;
y el astro nocturno la tierra ilumina
y estrellas esmaltan la etérea región.
Entonces, si acaso murmura en tu oído,
un mágico acento la brisa veloz,
no dudes, encierra tan débil sonido
el triste suspiro que exhala mi voz.

Emilia Calé

San Julián de Osedo, Octubre 7 de 1862

Galicia. Revista Universal de este Reino01/12/1862

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