UN ARTIGO DE RAMÓN SUÁREZ PICALLO PUBLICADO NA REPÚBLICA DOMINICANA

No ano 1939 Ramón Suárez Picallo chegaba exiliado á República Dominicana. Alí exercería o xornalismo, desde a dirección do diario La Nación. Grazas ao traballo de pescuda de Radhamés Hernández Mejía no Archivo General de la Nación, no número anterior da revista Areal comezamos a recuperar os textos que publicou no xornal dominicano. O presente é outra mostra. 

IMPRESIONES DE ARTE 

ANTE UNA EXPOSICIÓN DEL PINTOR BOTELLO 

EL HOMBRE Y SU PAISAJE




Estas palabras, dedicadas a la obra de Botello, no quieren ser una crítica, son una expresión del estado de ánimo en que nos dejó su presencia.

Si es cierto que cada hombre es hijo de su paisaje, Botello lo es enteramente de la costa verde, húmeda y tibia de la Galicia brumosa y noroestana. Por donde quiera que vaya, él y todos los hombres de su estirpe, rotos todos los vínculos familiares, geográficos, políticos y espirituales con su tierra natal, en lo más íntimo de su ser irá ese poso: la visión de su paisaje adentrado por los ojos en los días calmos de la infancia.

Botello es un paisajista. En la Academia de San Fernando aprovechó bien las lecciones y en Burdeos a la orilla del Garonne, de calor y hálitos indefinidos, los puso en prácticas con fortuna.

EL PAISAJE EN LA PINTURA


Es relativamente nueva la personalidad del paisaje en la

pintura. Durante siglos se pintaba personas y cosas, el paisaje no intervenía para nada. Fue Patinir quien por primera vez lo incorporará como motivo pictórico, con personalidad propia, dando vida a todo un arte nuevo.

Naturalmente, los mejores paisajistas serán aquellos que vivan los más bellos paisajes.

Galicia, paisaje de ensueño, tiene en este orden toda una escuela. Llorens, Souto, Colmeiro y ahora Botello son sus representantes más jóvenes. Souto y Colmeiro acaban de realizar exposiciones con gran éxito, en La Habana y Buenos Aires respectivamente. Botello ha puesto ante nuestros ojos el primer fruto de su esfuerzo como Benjamín de la familia.

Suárez Picallo en dúas etapas da súa vida. Arriba,
como exiliado en Buenos Aires (fotografía cedida
por L. Pérez Leira). Abaixo, como emigrante na
mesma cidade (Céltiga, 02/1926)

EL COLOR

Verde, Verde, Verde. Los mil matices del verde que se dan en Galicia, en una verdadera orgía estética. El verde de los “Amieiros”, el árbol bien amado de los campesinos porque su carne, convertida en ejes de sus carros, va entonando por los caminos, en los anocheceres plácidos, extrañas músicas; porque su madera roja da, en las largas noches de invierno, calor sin echar humo. El verde de los tojales que cubren de flores de oro las yerbas escarchadas en pleno invierno, el verde del brezo y de la yerba castellana, que crecen a la vera de los regatos bajo la fresca sombra de los abedules regados por el manantial cristalino; el verde del mar, que se vislumbra a los lejos, en su “Playa de Panjón”, atenuada por unos harapos de bruma misteriosa; el verde de la tierra humanizada, convertida en huertas virgilianas por el esfuerzo del hombre; el verde del castaño patriarcal verdi-dorado de agosto, junto a los estrechos caminos carreteros. Todos esos verdes están ahí, vivos o atenuados, insinuados a veces, en la obra de este artista joven que, sin saberlo él quizá, lleva envuelta el alma en el color de su tierra.

LUZ

Al espectador que no conozca España, ni la Francia atlántica, habrá de llamarle la atención la rigurosa tenuidad de la luz gris que alumbra los cuadros de Botello. Y es que así como en Valencia todo lo es la luz; así como en Andalucía todo lo es el sol, en las tierras atlánticas todo lo es la bruma. La bruma que es otra de las tónicas del paisaje gallego, de la que Botello tampoco podrá desprenderse nunca. Será en vano que se esfuerce en hacerlo. Aun Cuando trae un pedazo de tierra tropical, ardida de sol, la bruma, que también envuelve el alma, asomará por alguna parte a manera de fantasma.

TÉCNICA

La academia puede no dar talento artístico; pero, en cambio, enseña a administrar el que se tenga. Botello administra maravillosamente el suyo, con una técnica depurada y casi perfecta, donde está bien clara la tradición de San Fernando de Madrid.

Con ese bagaje técnico, con un esfuerzo redoblado, cuando tenga dentro de su espíritu bastantes cosas que decir, Botello las dirá, sin duda alguna, pincel en mano, que viene a ser la manera que tienen los pintores de decir su verdad artística a los demás.

Mientras tanto, saludemos su juventud y su sensibilidad y, sobre todo, esa su fidelidad conmovedora al calor y a la luz de la tierra que le vio nacer.

La Nación, Ciudad Trujillo, 30/05/1940 


El pintor Ángel Botello Barros nació en Cangas do Morrazo en 1913, y falleció en San Juan de Puerto Rico en 1986. Pintor, artista gráfico y escultor. Comenzó sus estudios de arte en 1930 bajo la tutela de François Maurice Roganeaux en la Escuela de Bellas Artes de Burdeos, Francia. En 1935 regresó a España para estudiar en la Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid. La Guerra Civil Española interrumpió su educación y en 1940 fue a establecerse en la República Dominicana, y luego en Haití. En 1953 se radicó en Puerto Rico y abrió la Galería Las Antillas (luego Galería Botello), una de las primeras galerías de arte en la isla. Desde entonces se dedicó por completo a su trabajo artístico y, aunque cultivó el paisaje y el bodegón, sería la representación de la figura humana —especialmente la de los niños— el tema central de su obra. Un lenguaje pictórico sencillo, basado en la simplificación geométrica de las figuras y en grandes áreas de color plano fuertemente delineadas, son las características fundamentales de su obra.

Bethania Ortega 



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