O PATEXO E A INTEGRIDADE DE SUÁREZ PICALLO

Xesús Torres Regueiro
Revisando a colección de El Heraldo de Madrid nos anos da República, viñemos en dar cun artigo sobre Sada e sobre o patexo que nos chamou a atención. Máis nos habería de chamar, cando ao lelo con calma, descubrimos con sorpresa que o artigo facía referencia a Suárez Picallo, naquel momento deputado cesante dende as eleccións xerais de 1933 que deran a vitoria
ás dereitas.

Estaba a República en pleno bienio negro, cunha política revisionista e anuladora dos logros acadados nas Cortes constituíntes e os gobernos de 1931-1933, e paralizadora do proceso do Estatuto galego. Mesmo a fracasada Revolución de outubro, reducida a Asturias e pouco máis, non fixera outra cousa que xustificar e traer máis represión para as forzas de esquerda e sindicalistas. O xornalista Criado y Romero era o autor da crónica asinada en Sada e publicada polo xornal madrileño do 24 de setembro de 1935. O seu título «Por tierras gallegas. Suelo y mar de Sada. El “patexo”, fruto del agua que fructifica el surco» resultaría un tema pintoresco para un lector madrileño que, tras unhas poucas liñas ía atoparse de cheo coa defensa do primeiro bienio republicano, e sobre todo, coa louvanza do labor e da integridade ética e cívica dun deputado, fillo daquela terra de Sada e que, naquela altura, carecía de cargos de representación pública.

O feito de ser precisamente o pai de Suárez Picallo, o vello carreteiro que un dos acompañantes do xornalista recoñeceu realizando aquel penoso labor de carrexar o patexo no lodazal
da baixamar, dálle pé a Criado y Romero para reivindicar a integridade e honradez de Suárez Picallo e, por extensión da República do primeiro bienio, recollendo intelixentemente a conversa que el e os seus acompañantes manteñen arredor de pai e fillo.

A desintegración do patexo frutificaba o suco, mentres que a integridade de políticos como Suárez Picallo frutificaba o cambio republicano que se daría cinco meses despois, recuperando o galeguista sadense a acta de deputado por vontade popular. Mágoa foi o que veu despois.

El Heraldo de Madrid foi un gran diario madrileño da tarde cunha longa traxectoria iniciada en 1890 e cortada violentamente en 1939 co remate da guerra civil e a entrada dos franquistas en Madrid. Logo dunha longa historia na que atravesou diversas posicións políticas, dende 1927 declarouse
abertamente republicano combatendo o goberno do xeneral Berenguer e durante a II República convértese no vespertino de maior tirada e alíñase coas opcións republicanas de esquerda. De feito que xa en outubro de 1934 chegou a ser suspendido polo goberno dereitista do “bienio negro” e ao rematar a guerra civil varios dos seus redactores foron encarcerados e condenados a morte, logrando algúns marchar ao exilio, caso de Criado y Romero. As súas instalacións foron incautadas polos “nacionais” para darlle acubillo ao diario Madrid (1939-1971), tristemente célebre pola súa dinamitación polo réxime franquista.

O avogado e xornalista Emilio Criado y Romero era natural de Cáceres. Ademais de formar parte da redacción de El Heraldo de Madridtraballaba tamén en Unión Radio Madrid, onde levaba a sección de teatro do informativo “La palabra” creado en 1930. Debeu veranear no mes de agosto de 1935 na Coruña, a xulgar polas catro crónicas que foi publicando no seu xornal: dúas adicadas á cidade da Coruña, unha á romaría aos Caneiros de Betanzos e esta sadense que rescatamos para os lectores de Areal.

Despois da guerra civil conseguiu exiliarse a México, onde formou parte como secretario de redacción da revista Tiempo, fundada en 1942 polo mexicano Martín Luis Guzmán (quen fora director do diario madrileño El Solautor de “La sombra del caudillo” e “Las memorias de Pancho Villa, entre outras) e dirixida polo asturiano Ovidio Gondi, tamén exiliado. A Criado y Romero aludía Sergio Candelas en El Sol de Zacatecas o pasado 19 de setembro de 2009: “Emilio Criado y Romero (abogado extremeño y periodista, más apegado a la verdad desnuda que haya tenido la vieja Iberia cuyas cenizas descansan en tierra mexicana)”.

A verdade núa atopouna aquela mañá de verán de 1935 no areal de Sada e así lla transmitiu aos seus leitores.
POR TIERRAS GALLEGAS

Suelo y mar de Sada

El “patexo”, fruto del agua que fructifica el surco

Cabrilleaba al mar, tranquilo y apacible, a
la caricia del sol, y las olas se deshacían suavemente
al besar el café terraza de la playa de
Sada. Hallábame tomando el aperitivo acompañado
de varios amigos y tenía los ojos
puestos en un extremo del arenal que se
fundía con las aguas verdes. Cuatro o cinco
carretas, tiradas por bueyes, se hundían en el
fango casi hasta los cubos de las ruedas. Varadas
en lugar muy próximo había dos barcas
de pesca. Del grupo de carretas se separó
una. Los bueyes, animados por el hombre que
los aguijoneaba, la extrajeron con grandes
trabajos al muelle.

–Es el padre de Suárez Picallo– dijo uno de
mis amigos.

–¿Quién? –inquirí yo.

–Ese carretero.

Guardé silencio durante un largo rato.
Recordé la labor formidablemente republicana
de aquel muchacho fogoso, joven, rubio, de
escasa estatura y de gran talento que desde su
escaño de las Cortes constituyentes defendió
las ideas democráticas de la España que resurgió
el 14 de abril glorioso, apoyó los proyectos
de ley de los primeros Gobiernos del nuevo
régimen y levantó su voz, pletórica de
amor a Galicia, cuando ésta era pospuesta u
olvidada. Suárez Picallo se lo debía todo a sí
mismo: el acta de diputado de las Constituyentes,
la cultura que poseía…

Habló otro de mis acompañantes mirando
al anciano carretero que se alejaba delante de
sus bueyes con abundante carga:

¿No ha podido el rapaz redimirle de estas
duras faenas?

–No. No ha podido… ¡Y cómo lo hubiera
deseado, con lo que quiere a su viejo!…

–Para que se diga, por monárquicos y
seudorrepublicanos, que los políticos del bienio
hicieron inmoralidades y robaron y
“enchufaron” a todos sus amigos. Ahí está el
padre de un diputado de las Constituyentes,
el padre de un hombre que tenía el paso franco
en los despachos de todos los ministros.
Podía haberle “enchufado” en un puesto subalterno,
descansado, tranquilo, con sueldo
vitalicio. Y, sin embargo…, ahí va con su carreta
cargada, trabajador incansable, de sol a
sol, en rudas labores.

–¿Qué lleva ese anciano ahora en su carreta

–Patexo para abonar las tierras.

–¿Qué es el “patexo”?

— * —

El patexo es una especie de cangrejo pequeño,
no comestible, que se cría en mar abierta,
pero no muy lejos de las costas gallegas.
Muchos barcos de pesca vuelven en esta época
rebosantes de patexo a la playa de Sada. En seguida
de todos los campos de la comarca llegan
compradores de este animalito y se lo llevan a
carretadas. Es, según los labradores, el mejor
abono para las tierras por la gran cantidad de
potasa que contiene. Quien llega por primera
vez a la bella y tranquila población de las Mariñas
en estos días, a su paso por el vergel de los
campos siente herida su pituitaria por el latigazo
de un olor acre, intenso muchas veces, que le
hace creer que Sada es un lugar infecto. ¡Y sin
embargo…! Estas emanaciones, que se hacen
insoportables algunas veces al turista, hasta
que se acostumbra a ellas, constituyen un formidable
foco de salud. Porque el patexo, esparcido
por los surcos, al morir y descomponerse
da rica potasa a la tierra y llena los pulmones
de yodo. El ilustre doctor Goyanes, un enamorado
de Sada, de sus campos y de su mar, que
visita todos los veranos, se ha ocupado varias
veces emanaciones yodadadas del patexo arrojado
como abono por las tierras, elogiando sus
virtudes sánicas, fortalecedoras del organismo
humano. Y no sé si por costumbre o por las palabras
del médico eminente, el caso es que
quien llega a Sada haciendo ascos por el acre
olor, a las pocas horas lo encuentra excelente y
lo aspira con fuerza, como si se tratara de un
raro perfume.

Este año y el pasado no se ha podido pescar
mucho patexo. Se vende la carreta a unas cuarenta
o cincuenta pesetas, según los días, y
constituye la salvación de pescadores y carreteros,
en la actualidad sin trabajo.

— * —

Cabrilleaba el mar, tranquilo y apacible, a
la caricia del sol, y las olas se deshacían suavemente
al besar el café terraza de la playa de Sada.
Un airecillo sutil, de las tierras de Gandarío,
venía a nosotros preñado de yodo, como caricia
saludable para nuestro organismo, debilitado
por la vorágine de la gran ciudad, y ahora
en reposo. Yodo del surco fundido con yodo de
las aguas azules. ¡Alegría del mar y del vergel
florido de Galicia, que inyecta de fortaleza y
optimismos!…

Criado y Romero

Sada, septiembre 1935

Caricatura de Criado y
Romero por Sirio
Partillar

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