SOBRE A FESTA DOS TOUROS

RSP manifestou en reiteradas ocasións a súa oposición as corridas de touros escribindo varios artigos ao respecto. Aquí podemos ver e ler un e colgaremos outros cando coincida coa data do calendario.

19 de mayo de 1947

UN PERRO TORERO

Por Ramón Suárez Picallo

El compañero jefe de Cables de “La Hora” nos envía, como nota pintoresca y original para esta columna, una fotografía de la Agencia “Aeme”, en la que aparece un perro mastín, en plena plaza de toros de Madrid, habiéndoselas con un bravo cornúpeto de Veragüe. El toro entró en el ruedo con una pata rota, sin dar ni filar a las llamadas de la cuadrilla; enfurecido e indignado por el abuso que quería hacerse de su inferioridad física, estuvo a punto de no dejar títere con cabeza y aún de saltar las barreras y dar ejemplar castigo a quienes lo injuriaban aprovechándose de su pata rota, en su brava masculinidad. Fue entonces, que de un grupo de señoritos estraperlistas y ociosos, seguramente católicos y fervientes cristianos que presenciaban el triste espectáculo, salió un perro mastín encargado de torear, de vencer y de rendir al maltrecho toro ibérico, en la arena del circo bárbaro. Lo capeó, lo llevó de un lado para el otro de la plaza, hasta cansarlo y dejarlo sin resuello, faena que aprovecho después un vil matachín para rematarlo sin pena ni gloria.

El público, esa turba infame e impía de las plazas de toros de la España actual, hermana legítima de las otras turbas que aplaudían en la antigüedad en el Circo Romano, la lucha de los primeros mártires cristianos contra las fieras enjauladas de Nerón, festejó con frenesí la hazaña del gran servil que para recreo del amo que lo castiga a latigazos, venció y rindió al hermano toro, gracias a que tenía rota una pata. Pidió para el perro, desleal con su congénere cuadrúpedo y astado, el rabo y la oreja, trofeos que le fueron inmediatamente concedidos por la “autoridad competente”.

La “autoridad competente”, que no dimana de la voluntad popular, premia siempre al servilismo en el mismo grado con que castiga la altivez y la gallardía. En una palabra: premia al can y castiga al toro

Por lo demás, hemos hablado ya en otras ocasiones, sobre el infortunio de los toros españoles en épocas de tiranía política. Fernando Séptimo cerró las Universidades y abrió escuelas de tauromaquia; es decir, sustituyó al profesor con el torero, con grave perjuicio del toro, que es el único bicho viviente simpático de toda la corrida, de la que siempre sale muerto y arrastrado de mala manera. Y, ahora mismo, el más cotizado artículo español de exportación –por encima del arroz y de las naranjas de Valencia, del aceite andaluz y bajoaragonés, del vino jerezano, y de los pescados en conserva de Galicia, de Asturias y de Santander- es un torero, analfabeto lato, que se llama “Manolete”. Frente a él, los poetas, los escritores, los artistas, los catedráticos, los técnicos industriales y mercantiles, los obreros honestos y competentes, son menos que mísero “refugallo” de emigración, indigno de ser tomado en cuenta.

Pero ahora la cosa se agrava. No son ya hombres contra toros y perros contra toros, los que hacen el divertimiento de un público ignaro, y de una autoridad estúpida, que perdieron el sentido de lo heroico y de lo arriesgado, que caracterizaban desde hace muchos siglos el vigor de una estirpe. Esclavo contra esclavo, hermano contra hermano; he aquí el símbolo de la noticia gráfica que comentamos y que representa cabalmente a la España de nuestros tristes días. El perro que vence al toro, para divertir al dueño de los dos.

Mientras tanto, toda nuestra simpatía está con el toro, como está toda nuestra repulsión con el perro vil, que traiciona a su hermano de esclavitud, aprovechándose de que tiene una pata rota y comparece en el ruedo en notoria inferioridad de condiciones.

¡Perros y toros, pueden resumir hoy en España una batalla histórica!

(Artigo publicado no xornal La Hora, en Santiago de Chile o 19 de maio de… 1947)

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