EN DEFENSA DOS ANIMAIS (OVELLAS)

A foto publicada dun rabaño de ovellas camiño do matadeiro en París en 1947,por mor dunha folga de trenes, da pé a RSP a facer unha defensa en favor do animais (ten varios artigos publicados na sua defensa e criticando o maltrato).Neste artigo proclama como os franceses non toleran o maltrato aos animais e os veterinarios se ocupan de evitar a “febre do tren”…

8 de diciembre de 1947


EN DEFENSA DE NUESTROS “HERMANOS MENORES”

Por Ramón Suárez Picallo

Tenemos a la vista una fotografía publicada en “La Hora”, en la que aparece un rebaño de ovejas y de corderos llegando a los suburbios de París, después de hacer una larga caminata, “a pie o a pata”, desde sus campos nativos, hasta la capital francesa, debido a que la huelga de los ferrocarriles y de los demás medios de transporte, les impidió hacer el viaje en forma más rápida y cómoda.

Los mansos lanudos y dulces animales no llegaron a París a pacer en el Bosque de Bolonia ni en los cuarteles verdes de las plazas y parques de la gran urbe; van, por el contrario a cumplir el refrán criollo que dice: “todo bicho que camina va a parar al asador”, o aquel otro, español: “¿Dónde irás buey si no aras?: al matadero”.

Mas, aun así, y a pesar de la predestinación ingrata que llevan encima de sus vidas –las ollas, los azafates y los hornos de los restoranes de París– los corderos y las ovejas a que nos referimos, no deja de ser conmovedora la triste estampa, especialmente en Francia, donde el maltrato a loa animales -incluso a los destinados al matadero– no es tolerado por la fina sensibilidad de los franceses.

Allí, veterinarios ilustres se han preocupado de ahorrarles a los “hermanos inferiores” destinados a ser engullidos, toda clase de sufrimientos previos a la muerte. Ellos descubrieron que el ganado que llega vivo a París por ferrocarril desde los campos verdes de la Bretaña, la Saboya y la Normandía, donde se cría con toda clase de respetos, comodidades y miramientos, sufre de una enfermedad que se llama “fiebre del tren”, producida por la sed, el hambre y la velocidad, una enfermedad que los pone temblorosos e irascibles, además de hacer dura y correosa su carne. De ahí que en muchas estaciones ferroviarias de Francia haya paraderos especiales donde se les da de comer y de beber a las reses, y si ofrecen algún síntoma de fiebre de tren, se les aplique una inyección, y que los vehículos que conducen ganado tengan una velocidad regulada que no les de “mareo” a los viajeros cuadrúpedos.

Por eso tampoco se ven en París las bandadas de pavos en vísperas de fiestas destinados a la glotonería de los festeros, recorriendo de punta a cabo la ciudad, cayéndose algunos de sed o de fatiga, espectáculo de crueldad que el transeúnte contempla en otras ciudades; ni la dueña de casa que compró un par de pollos y los lleva tomados de las patas con la cabeza para abajo causándoles un terrible e inútil dolor físico al invertir la normal circulación de la sangre.

Y otras muchas cosas, en fin, tendientes a demostrar que para los franceses comunes no es en verdad nada agradable ver el fatigado rebaño de ovejas y corderos destinados a la matanza, con hambre y con sed, sin poder ramonear y triscar los pastos del camino que los lleva a la muerte. Claro que todo ello se debe a las huelgas, que no afectan sólo a los animales, sino que también a las gentes pacíficas a quienes sin comerlo ni beberlo, les toca también algún chinazo desagradable. Pero a las personas siempre hay quienes las defienda; en cambio a las defienda, en cambio a las inocentes ovejas sólo se las espera para matarlas y comerlas, después de hacerlas pasar por el terrible suplicio de un largo viaje a pie, con sed y hambre.

(Artigo publicado no xornal La Hora, en Santiago de Chile o día 8 de decembro de … 1947)

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