ELOXIO DA VACA

RSP comenta un artigo da prensa sobre as vacas e as cortes e no que se fala da sua desaparición nas cidades. Suárez Picallo, non se apena por eso, ao contrario,manifestase a favor de tal circunstancia e fai un acendido eloxio da vaca campesina, da vaca que pasta libremente no campo, e remata coa anécdota dunha vaca que escapou dunha corte na cidade…


14 de mayo de 1947

LA VACA Y EL ESTABLO



Por Ramón Suárez Picallo

El señor M.C.P., publicó en la página de editoriales de “El Diario Ilustrado” un patético artículo titulado: “Los establos se mueren”. Habla de la leche, de su escasez, de su alto precio, de los niños que lloran por falta del líquido nutricio; narra escenas de tristes pobrezas, pues los presupuestos del hogar modesto no permiten adquirirlo por su carestía; y, al final, a modo de corolario paradójico protesta contra el Gobierno, porque, a su juicio, le fija a la leche unos precios tan bajos que no compensan los esfuerzos del ganadero productor, ni aumentan con abundantes ganancias, los capitales invertidos. Da muchas cifras al respecto, de las que saca toda el agua que puede, para arrimarla a su molino político, contrario a la mayor baratura de la buena o mala leche.

Dejémoslo no obstante por ese lado y vayamos al otro, a su dolida queja por la muerte del establo en la ciudad, sobre cuya mortandad –la de los establos, se entiende- aporta cifras pavorosas. Permítanos el colega que no compartamos su pesadumbre ante la desaparición de los establos de la ciudad, y ello por muchas razones: son antiestéticos, antiurbanos y antihigiénicos; la leche que de ellos sale es aguada y chirle, y por último, constituyen un lugar de pena, de tortura y de castigo impío para las pobres vacas que caen en ellos, sin haber cometido ningún delito; les estrujan las ubres varias veces al día, les echan de comer forrajes secos e insulsos; tienen que dormir sobre las piedras duras y frías y nunca les dan a catar el pasto verde, jugoso y perfumado, que es la fuente eterna y natural de la buena leche. La otra, la obtenida a través del sacrificio y de la tortura, es leche mala, poco nutritiva y aún hay quien asegura que produce irritabilidad y mal humor en los niños y en los grandes que la toman. Por eso se dice de ciertos sujetos ácidos, retorcidos, que enturbian lo que está claro, y que no hallan nunca virtudes en el prójimo; que desvirtúan la verdad y que dan por hecho que sólo existe su verdad, impuesta a ellos mismos; de todos esos se dice que tienen muy mala leche, como la que dan las pobres vacas cautivas en los establos.

ELOGIO A LA VACA

Porque ha de saberse que la leche -la buena y pura leche nutriz – es el resumen líquido, o algo así, no sólo de lo que la vaca come, sino que también y principalmente de su estado de ánimo. La maternal, rumiante, mansa, dulce, pacífica y utilísima es muy dada a la estética y a ciertas finas manifestaciones de la belleza. De ahí que la mejor leche la produzcan las vacas de Suiza, las de Holanda, y en España, las de Galicia; países todos de bellísimos paisajes que las buenas vacas contemplan con especial delectación.

Más aún; está probado que las vacas producen más y mejor leche, si cuando se las ordeña, escuchan buena música; virtud artística que ya quisieran para sí muchísimas personas que se precian de cultas. Y ya la quisieran, también muchos escritores y periodistas; si escuchasen música cuando escriben, su producción sería más placentera, menos ácida, no tan corrosiva.

No defenderemos pues, nunca la existencia del establo en la ciudad; porque estimamos mucho a las vacas y porque nos gusta la buena leche; y ésta sólo la dan las vacas que viven por esos campos de Dios, comiendo hierbas verdes elegidas por ellas mismas, contemplando el paisaje, oyendo cantar a los pájaros y a los pastores y campesinos y bebiendo el agua clara de los regatos, de los ríos y de los manantiales.

Y por eso también, días pasados, hemos hecho un comentario aprobatorio para la vaca cautiva que se escapó de un establo de la ciudad, salió a la cale, y con más furia y bríos que un Miura, la emprendió a cornadas con cuanto transeúnte encontró a su paso en venganza por su impío cautiverio. ¡Que se mueran los establos y que vivan a su gusto las vacas! Es la única manera de que en Chile haya más y mejor leche.


(Artigo publicado no xornal La Hora, en Santiago de Chile o 14 de maio de… 1947)

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