CHIRIMOIAS

Neste artigo RSP, comenta o variado consumo de froita que os cidadáns de NY fan ao longo do ano e como trataron que as distintas clases e variedades chegaran a producirse nas suas plantacións ainda que non o conseguiron con todas…Pero coa chirimoia chilena, si lograron excelentes resultados…
5 de marzo de 1947

CHIRIMOYAS EN NUEVA YORK

Por Ramón Suárez Picallo


Los norteamericanos y especialmente, los neoyorquinos, son grandes comedores de frutas. Ellos creen en el intrincado misterio de las vitaminas. Saben cuántas tiene un limón, un tomate, una manzana o una zanahoria, según sean su tamaño u su peso, su color y su grado de madurez. Cuéntase que esta afición frugívora de los norteamericanos, es debida a una ingeniosa campaña, hecha por los hortelanos de California, a través de un grupo de médicos de tendencia naturista, quienes lanzaron la siguiente consigna: “Cuánta más fruta como, menos tendrá que visitar al doctor”. Y las malas lenguas dicen que, más que por el bien de la salud del prójimo, los californianos obraron así, movidos por el afán de colocar fácilmente los frutos de sus bellos huertos.

Sea por lo que fuere, es cierta la afición de los norteamericanos a la buena fruta. Y sus tiendas y restaurantes pueden verse, en todas las épocas del año, admirablemente representados y cuidados, escaparates y vitrinas repletos de los más exquisitos productos frutícolas de todo el Continente: uvas, manzanas, peras y melones de Chile; fresas y cerezas de la Argentina; plátanos guineos, mangos y piñas, de las Antillas, y otras variedades, ofrecidas al consumidor, “fuera de la sazón norteamericana”, en que allí se producen algunos, por motivos de clima y estación.

Primero llevaron las frutas, pero después trataron de llevar el árbol que las da en otras partes tratando de aclimatarlo en su propia tierra; lo lograron, en parte, en algunas cosas; en otras fue imposible, por que la fruta no es sólo hija del árbol, lo es de la luz del sol, del humus, del aire y del agua, de eso que los eruditos llaman “genius locci” o genio de lugar, que rige para las personas, para los animales, y para las plantas. Así, un durazno zaragoza, no se da más que en la capital de Aragón y en la zona central de Chile; como las manzanas reinetas se dan sólo en el noroeste de España y en las zonas sureñas de Chile.

Este principio parece que ha fallado en el caso de la chirimoya chilena; la incomparable, la dulcísima, la sin igual chirimoya de Quillota; los norteamericanos se habían enamorado de ella desde que la conocieron, la colmaron de mimos y la invitaron a ir a California y a Nueva York como si fuese un estudiante becado. Y la muy ingrata se dejó amar del forastero. Hoy en California se crían espléndidas chirimoyas, cuyos árboles fueron llevados de Chile y, transplantados allí, por manos amorosas y expertas hasta lograr aclimatarlos a dar sus frutos.

En efecto, acabamos de leer que en la gran urbe del Hudson, se están vendiendo a un dólar cada unidad, chirimoyas de California, cuyas plantas matrices fueron llevadas de Chile. Siempre que no se desencanten y se degeneren, los dulces e irregulares frutos quillotanos, harán también ellos patria a su manera, honrando el buen nombre de su tierra original.


(Artigo publicado no xornal La Hora, en Santiago de Chile, tal día como hoxe pero de… 1947)
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