CABALOS FAMOSOS

Na historia da humanidade e da literatura, unha ampla serie de cabalos acadaron sona imperecedoira.
RSP cita varios exemplos e fala neste artigo, de CÉSAR famoso cabalo chileno que destacou en numerosos torneos nacionais e internacionais de equitación…



29 de junio de 1947


“C É S A R”



Por Ramón Suárez Picallo


“César” fue un noble, ágil y valeroso caballo que llevó orgullosamente sobre sus lomos finos y nerviosos, el nombre y el símbolo de Chile, haciéndolos triunfar en cien justas nacionales e internacionales de equitación, ejercicio tradicional de nobles guerreros y caballeros cabales a lo largo de la Historia: Alejandro, Julio y Napoleón, así como Amadís, el Cid y don Quijote, no se conciben de a pie, corriendo tierras y mundos. Ellos y sus famosos caballos fueron casi una sola cosa, consustanciada en el esfuerzo y en la buena y en la malaventura de sus andanzas. Por eso, quizá no fuesen muy desatinadas las viejas leyendas americanas que les hacían suponer a los nativos, que en las huestes conquistadoras, el caballo y el jinete eran un solo y temible combatiente, movido por un mismo pensamiento. Y los gauchos de Güemes, los llaneros de Páez, centauros de la Independencia de América, eran hombres y caballos, juntos y unidos en la Epopeya. Y hasta muchos Santos hicieron sus mejores hazañas a caballo: Santiago, San Jorge y San Patricio, patronos de naciones, entre otros. De ahí los honores y homenajes tributados al caballo, individual y colectivamente por la Historia y por la Literatura: Clavileño, Babieca y Rocinante, son personajes esclarecidos, casi humanizados, en las más altas costumbres de las letras castellanas. Pues bien, a tan noble estirpe caballar pertenece desde ayer, por raza y por méritos, este noble “César” chileno, enterrado con honores militares por los servicios prestados a la Patria y a su buen nombre. Se los tributó el Cuerpo de Carabineros, cuyo “Cuadro Verde” es una de las más bellas obras de arte, de plástica, de agilidad y de viril culto a la equitación, como espectáculo y como riesgo.

Muchas gentes, de las que se llaman serias, ponderadas, ecuánimes y envidiosas, que saben que no recibirán honores cuando se mueran, porque nunca sirvieron a nadie ni para nada útil, murmuran y critican, considerando exagerados los funerales hechos al caballo “César”. Pues, que rabien y sepan que un caballo merece ser honrado en la vida y en la muerte más que muchísimas personas que andan en dos patas por casualidad.

Por lo demás, desde que Calígula hizo senador a su cabalgadura, hasta las maravillosas obras de arte –cuadros y estatuas ecuestres de grandes y pequeños personajes– el caballo comparte con el hombre los honores de la inmortalidad en el mármol, en el granito y en el bronce. Y muchas veces vale más, histórica y artísticamente, aún en la estatua o en el cuadro, el caballo que el personaje que lo monta.

¡Gloria, pues, a este noble “César” chileno en su último galope a la eternidad, sin hollar ni invadir pueblos ni naciones!

(Artigo publicado no xornal La Hora en Santiago de Chile o día 29 de xuño de … 1947)

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